“Al único jurado que siempre tengo en cuenta es al público”

EN CORTO:

“Sara Baras es un ser especial con algo que muy poca gente tiene”

“Cada uno tiene sus medidas y su personalidad, pero la competencia, si existe en el flamenco, es porque también existe en la vida”

“La Lámpara aguanta la puerta cuando hace frío”

“Yo creo que cualquier persona aficionada escucha una voz, unas melodías, y sabe si es extremeño”

Entrevista a Matías López, ‘El Mati’, cantaor

“Al único jurado que siempre tengo en cuenta es al público”

¡Qué bonito! Exclamó Sara Baras cuando dejó su ‘Alma’ sobre el escenario y alzó la mirada y su sonrisa ante el Teatro Romano de Medellín hace unos días, ¡y qué impresionante y cuidado su espectáculo! Añadiría yo. Luego, entre bambalinas y tras una breve charla con la gaditana, comprobé que el flamenco optimista (¿les gusta el término?) es el que mejor define lo que su Compañía desgrana en el escenario. Porque ese gusto por lo bien hecho, por el flamenco de entrañas, es sin duda no solo la marca de presentación de Sara Baras y su gente, sino la constatación de que, en el escenario, sobran fatigas impostadas y faltan sonrisas perennes de los artistas que saben lo que hacen. Como le ocurre a ella, y como le ocurre a él: Matías López “El Mati” (Barcelona, 1985) que con su cante arropa a Baras en esta obra: “Alma” que es la joya que le ha regalado a la ausencia de su padre y el abrazo que nos ofrece a todos los que, como el otro día, seguimos sin respiración el taconeo de cirugía de la gaditana en Medellín. ‘El Mati’ lleva apenas unos meses junto a Sara Baras pero el catalán, de padres extremeños, se mueve como pez en el agua tanto como cantaor de atrás, como defendiendo la Lámpara Minera que consiguió en 2019, y con la que reivindicó “el derecho de los artistas y de los creadores en general a intentar cambiar las cosas en la sociedad” “El Mati” un ejemplo de saber hacer en lo profesional y dejarse llevar, por la propia intuición. El maridaje perfecto. Pasen y lean.

¿Cambiaron las cosas finalmente tras ganar la Lámpara Minera?

Bueno, ganar la Lámpara Minera no sirve para “venirte arriba”, para creerte mejor que nadie, para pasar a un estatus o un nivel selecto; ni tampoco sirve para llenar la nevera. Te sirve para darte un “empujoncito”, una ayuda; para allanarte el camino, para que te conozcan más por tu nombre, pero lo que tengo claro es que no sirve para nada de lo anterior. Eso sí, en todos mis conciertos doy las gracias porque a nivel mediático me dio a conocer: sales en el Telediario, te hacen entrevistas, te pone en la palestra, te pone ‘ahí’. La Lámpara aguanta la puerta cuando hace frío. Sirve, pero para lo que más me sirvió, fue para sentir lo a gusto que estaba con mis compañeros y lo feliz, que me sentí, recibiendo mensajes tan bonitos.

Lleva apenas unos meses en la Compañía de Sara Baras y ya se siente totalmente impregnado de su “Alma” …

La verdad es que estoy muy contento de haber entrado en esta familia. Llevan muchísimos años juntos y todo eso se consigue siendo un clan, un conjunto que trabaja unido en la exactitud, en el perfecto hilado, en el volcado…, ¡todo! He estado en muchas compañías, pero a este nivel nunca. Sara Baras se supera con creces, es un privilegio ver su calidad artística y humana. Es maravillosa. ¿Qué cómo la definiría en una sola palabra? ‘especial’. Sara Baras es un ser especial con algo que muy poca gente tiene.  

¿Hay competencia en el cante?

Desgraciadamente la hay en la vida. Nos educan para competir desde niños con ese “¡a ver quién termina antes!”, “¡quien saque mejores notas…!” Cada uno tiene sus medidas y su personalidad, pero la competencia, si existe en el flamenco, es porque también existe en la vida.

En 2018 sacó el que hasta ahora en su único disco “Doce de Cuatro» proyecto discográfico de cante flamenco donde rinde homenaje a figuras del cante como El Lebrijano, Gaspar de Utrera, Pansequito y Juanito Villar a través de sus legados artísticos. Después se presentó al Festival de La Unión, diríamos, que usted ha hecho el proceso a la inversa…

Si, la verdad es que suele ser, al contrario. Hay bastantes compañeros que se centran primero en la formación y en darse a conocer. Yo creo que este proceso ‘a la inversa’ va con mi actitud y mi vida; como soy tan inquieto lo veía como algo natural. Nadie podía decirme si estaba bien o mal porque me salía del corazón. Al único jurado que siempre tengo en cuenta es al público. Cuando algo me apetece, me apetece…, aprendí para el baile, quise grabar el disco, me apunté al Festival por querer aprender esos cantes…, al final funcionó.

Su intuición vale millones… ¿Cómo ere ese entorno flamenco en el que creció?

Mi padre se mudó de Badajoz a Barcelona cuando yo solo tenía nueve añitos. Allí empezó a trabajar de lo que podía hasta que empezó a cantar con todo ese boom de las añoranzas andaluzas, y Peñas Flamencas. Él empezó a ser uno de los cantaores en el día a día de los festivales y peñas de Cataluña. Mis hermanos mayores si lo vivieron, pero cuando yo nazco se da cuenta de que solo no pude estar de cantaor y se dedica a mantener a su familia, aunque él sigue cantando. Mi tío tocaba la guitarra, el teclado…, ellos antes de emigrar vivían en la Plaza Alta, y desde chico, mi tío Manolo, mi tío Pachanga cantiñeaba…, mi abuela…, mi bisabuela Micaela era la que hacía el café en la Plaza Alta y años después hablando con El Guadiana le enseñé sus fotos y se acordaba de que iba con él a la escuela con La Marelu. Era una auténtica comunidad entre payos y gitanos.

¿Qué aprendió de esa época?

Aprendí la afición; el saber cuándo una cosa llega y otra no llega; la transmisión que, aunque algo esté un poco mal de compás puede llegarte más que, otra que esté perfecta y que no te llega.

¿Qué tiene Extremadura con el flamenco?

Si pudiéramos dividir el flamenco en cuatro partes una de ellas sería Extremadura. Tiene una influencia no solo buenísima por nuestros cantes, que no todo el mundo los hace como deberían hacerse, sino porque además tiene una personalidad muy marcada a nivel musical. Yo creo que cualquier persona aficionada escucha una voz, unas melodías, y sabe si es extremeño.

¿Cómo va ese segundo disco?

Lo sigo grabando, porque nos pilló entremedias la pandemia…, se llamarán ‘Jugando’ como mi espectáculo en el que se defiende esa vida de cuando éramos chicos. Esa inquietud de jugar con los colores, varios instrumentos, ritmos que no están dentro de lo ortodoxo del flamenco, el sentirse libres porque al jugar uno se quita perjuicios: juega con dos piedras y uno se imagina que son dos coches. Para mi eso es música, para mi eso es jugar y ese es mi actual proyecto.

¿A qué nunca jugaría El Mati en el flamenco?

Creo que nunca jugaría al postín, a ese mirar por arriba de los compañeros, a ese atribuirse cosas ‘eso es mío porque lo he creado yo’ Las cosas están ahí y a veces se encuentran y se muestran. Nadie crea nada, está todo inventado, solo que uno se decide a cogerlas y a defenderlas y hacerlas de forma personal. Nunca jugaría al ‘yo soy’ o al ‘yo creado’ Yo reniego de todo eso. Hay que hacer las cosas que sean auténticas y reales.

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M. Isabel Rodríguez Palop

M. Isabel Rodríguez Palop

Una apasionada del Flamenco.

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