Madrugando con ‘Cante Hondo’

Tengo la sana costumbre de madrugar mucho. También la de acostarme temprano y seguir las mismas pautas, cada día, de los cinco de obligaciones varias. Siempre he sido diurna, siempre me levanté temprano para estudiar, para escribir, y ahora con otras obligaciones trabajo frente al ordenador de casa, mientras espero con los primeros rayos del sol arrancar el coche e irme a trabajar. Esta semana ha sido diferente. Siempre la radio de fondo (lo que duran los programas deportivos) mientras que con el mismo móvil termino de leerme la prensa en digital, me asomo a las redes sociales y contesto a algún whastsapp de amigs a ls que no les extraña mi horario germano. Pero esa mañana quise que fuera diferente, y tras un vistazo rápido a los titulares me perdí en los versos del ‘Cante Hondo’ de Manuel Machado y así, sin quererlo, convertí otro día más en una jornada llena de expectativas. ¿Y quien no puede entenderlo así, si en esta lectura de 1916 una tiene para revivir cualquiera de las vivencias que el alma puede soportar? «No solo canta el que canta, que también canta el que llora…, no hay penita ni alegría, que se quede sin su copla».



Y es cierto, el flamenco atesora junto al saber popular todos los estados de ánimo. «Fatigas, pero no tantas, que a fuerza de muchos golpes hasta el hierro se quebranta». ¿Quién no se siente identificado? Prueba irrefutable de que el flamenco es la consecuencia de la vida misma. Y si el periodismo atesora algo de didáctica, les invito a que ahora acompañen la letra a un cante determinado. Yo decidí que la mañana que nació petenera, se volviera cantiña. Así, de pronto, gaditana y alegre. El flamenco como el destino no es inamovible ni permanece escrito, solo aguarda a que se le muestre el camino para adaptarse al aquí y el ahora. El flamenco asienta nuestra base, y el destino lo escribimos nosotros. Que no se nos olvide. Escuchen y escriban.

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M. Isabel Rodríguez Palop

M. Isabel Rodríguez Palop

Una apasionada del Flamenco.

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