“Mis brazos acaban donde acaba el mantón”

EN CORTO:

“Me sentiré plena el día que me vaya porque he podido vivir de esta relación con el flamenco que tanto amo”

“Manejo un mantón muy imaginativo porque no me debo a ninguna regla, a ninguna técnica de composición”

Entrevista a ‘La Lupi’

Siempre me ha resultado más interesante la gente que sabe irse frente a la que sabe estar porque es un síntoma, no solo de humildad, sino de inteligencia que, a grandes rasgos, para quien les escribe es exactamente lo mismo. Y esas dos cosas, humildad e inteligencia es lo que extraigo tras mi conversación, convertida en entrevista, con esta bailaora malagueña considerada la ‘reina’ del mantón de manila en el baile flamenco actual. “La Lupi” (Susana Lupiáñez, Málaga, 1971) que podremos disfrutarla el 18 de noviembre en el ‘Aula Flamenco’ de Diputación de Badajoz y la Universidad de Extremadura junto a la guitarra de Curro de María, y a Francisco Escudero ‘Perrete’ como artista invitado,  comenta entusiasmada que es la primera vez que viene a nuestra tierra aunque hayan sido muchas otras las ocasiones, a las que en una aula con alumnos de flamenco o simplemente aficionados, sin más pretensiones que aprender un poco más de lo que les apasiona, se ha enfrentado. “La Lupi” habla con un perro al lado, y esta periodista escribe con otro en brazos. Ladridos más, ladridos menos, que se dejan de escuchar cuando el silencio de los flecos de su mantón se vuelven anécdotas; y cuando la malagueña describe como todo lujo de detalles, como el soplo inesperado de un poco de aire es capaz de desenredar, cientos de flecos en pleno vuelo, antes de volver a sus brazos. Magia del flamenco que, sin trucos ni artificios, en sus palabras se vuelve realidad. Como las mejores historias. Pasen y lean.

“La Lupi” y el mantón de manila, ¿es una relación de amor o de dependencia?
Totalmente de amor, desde pequeña, ¡amor, de amor! Yo no dependo del mantón para desarrollarme como bailaora en plenitud, sino que es un aporte más. A mi madre le encantaban las pañoletas, todas esas cositas…, y ¡muy gracioso! cuando era niña yo ya quería coger algo más grande que un simple pañuelo así que cogía los hules ¡pero eran de plástico!, fíjese la que yo montaba…, la verdad es que ha sido un amor muy natural y muy orgánico. Siempre me he sentido con el mantón como si formara parte de mí, pero no dependo de él. Si en un espectáculo no lo cogiera no pasaría nada, lo echaría de menos, pero tampoco pasaría nada.

¿Qué es capaz de transmitir usted con un mantón?

Transmito mucho más que sin él. Con el mantón me desarrollo hablando dancísticamente mucho más que sin él. Respecto a la proyección con el público tengo la sensación de que puedo llegar a más gente. Mis brazos acaban donde acaba el mantón. Como si yo fuera más grande, toda la plenitud de mi baile si es verdad que siento que alcanzo mucho más con él.

¿Qué momento puede compartir con nosotros en el que haya sentido esa comunión perfecta con el mantón?

Con el mantón todos los momentos son mágicos porque es imprevisible. Aunque tu tengas la técnica, lo trabajes muchísimo, el mantón tiene una parte que no puedes controlar porque no sabes si se te puede liar, si corre un poco más de viento y el mantón no queda igual…, ¡es imprevisible! En mi espectáculo ‘Lenguaje oculto’ hago un número donde mis bailaores y bailaoras empiezan a repetirme todas esas sensaciones que tengo cuando estás bailando con un mantón, ¡incluso los miedos! Mis compañeros desarrollan con palabras, durante el espectáculo, lo que yo pienso: se te va a liar, se te va a liar…, porque son muchas las ocasiones en las que sientes ese miedo; ese miedo de que el baile no te salga limpio, que todo el trabajo y la práctica que has tenido con él no pueda verse recompensada en el escenario, que no te falle, aunque te falle a veces. Y ese miedo, aunque lleves mucho tiempo con él y tengas experiencia, te puede pasar. En ‘Lenguaje Oculto’ tanto su director Juan Dolores como yo, buscábamos que el público entendiera lo que se puede sentir cuando una está bailando controlando ese punto de miedo.

Es como una pesadilla real…

Si, si, ellos empiezan: “se te va a liar…, se te lía, se te lía…, uyyy, que se te va a liar, cuidaooo!!” voces para que el público pueda comulgar conmigo en esa búsqueda casi perfecta del mantón, en esa limpieza en escena, y también en ese miedo.

Y en ‘Aula Flamenco’, ¿va a compartir con todos nosotros esas anécdotas?

Si, si, ¡y mucho más! Porque en ese momento que estoy compartiendo con el público y también con alumnos de cualquier índole hay más, porque incluso con el mantón en las manos, bailándolo, me salen muchas más palabras y anécdotas. Es como me siento pletórica. Incluso cuando puedo bailar y puedo hablar a la vez, me salen muchas más vivencias. Como, por ejemplo, cuando más de una vez me he visto en el agobio de ver como se me había liado el mantón en escena y, junto la fuerza de estar ahí arriba frente al público, sentir y comprobar que el propio aire lo desenredaba. Manejo un mantón muy imaginativo porque no me debo a ninguna regla, a ninguna técnica de composición. Al mantón lo abro, lo cierro, lo convierto en bata de cola, en vestido…, en muchas necesidades que en mi baile preciso para conseguir expresarme con todos esos vocablos que me ofrece el mantón de manila. En mis clases no solo enseño coreografía y pasos, sino cómo poder desarrollar y empoderarte con el mantón, y porqué se tiene que hacer así pero siempre, bajo mi punto de vista; veo que alumnos y aficionados tienen necesidad de saber y comprender, ¡y me encanta! Porque después disfrutan mucho más al artista; por eso me satisface tanto ofrecer mis ponencias y charlas.

“El flamenco es amor, el amor es vida y yo vivo amando”, ¿por qué ese leit motiv?

Si, así entiendo el flamenco al que he dado mi vida. Ha sido como el propio vivir, pero también digo que el día que decida: hasta aquí; no me voy a morir, pero hasta el día que lo esté desarrollando será así. No se está a medias tintas y cuando mi cuerpo diga ¡no puedo más! Me iré totalmente porque estoy acostumbrada a vivir en el universo flamenco.

No todo el mundo sabe irse, es interesante comprobar que lo tiene claro…

Si, si además creo que todos tenemos que entender que habrá un momento donde las fuerzas no te acompañen; y además hay otras formas de bailar y de sentir maravillosas con la edad. Yo no lo cambio; ver cómo va evolucionando tu cuerpo, como te vas conociendo con la edad, forma parte de un ciclo de vida que es natural y maravilloso. Me sentiré plena el día que me vaya porque he podido vivir de esta relación con el flamenco que tanto amo. He estado tan segura de querer vivir de esto que no he pensado en el día de mañana, si tendré o no tendré una seguridad, una casa…, nunca, nunca, yo he seguido siempre adelante sin saber que pudiera ocurrir; no, no, yo siempre adelante, pero si tengo seguridad de decir: hasta aquí, será hasta aquí. Hay millones de cosas que hacer y además lo más bonito del mundo es bailar por dentro. Además, te vas preparando, ¡yo al menos!, y cada día disfruto y soy más feliz bailando por dentro que por fuera. Empiezas queriendo que todo sea exterior y demostrativo, y con el tiempo todo se va volviendo más hacia dentro. Eso es muy bonito, es otro ciclo.

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M. Isabel Rodríguez Palop

M. Isabel Rodríguez Palop

Una apasionada del Flamenco.

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