EN CORTO:
“Cuando me pongo en ese momento histórico intento recrear formas artísticas, con los ojos de hoy, pero evocando el sonido de ayer”
“Sabemos los cánones y respetándolos, podemos sonar al siglo en el que estamos”
ENTREVISTA A ALEJANDRO HURTADO, guitarrista nos presenta su nuevo trabajo “El Primer llanto”
Mi guitarra es como soy yo. La guitarra de Alejandro Hurtado (San Vicente del Raspeic, Alicante, 1994) es emocional, sobria y honesta: como es él. En una ocasión ya me dijo que la guitarra flamenca iba como la sociedad, muy deprisa. Ahora, con su nuevo trabajo “El primer llanto” nos invita a ralentizar, a escuchar y saborear ese sonido lírico que a principios del siglo XIX abrazó a grandes como Ramón Montoya, a través de las cuerdas de tripa y seda. Mazorcas, panaderos… folclore español que recrea a su forma el alicantino, y con el que nos demuestra que los efectos, solo deben resonar e impactar, en el alma de quien escucha.
¿Como es siente tras unas críticas tan espectaculares?
Estoy muy contento con el disco, y en cómo se está acogiendo, que no siempre coincide. Cuando uno hace un proyecto y está contento, a veces la gente no reacciona de esa manera y la verdad, es que hay comentarios muy bonitos, ¡estoy contento, sí! El primer disco que hice de «Maestros del arte clásico flamenco» si fue un trabajo que llamó más la atención a los investigadores porque era un disco de carácter historicista, y no atrajo tanto a los compañeros, profesionales y demás, pero, “El primer llanto” a compañeros como Guillermo Castro, Faustino Núñez, Norberto Torres…, toda la gente de la flamencología y la investigación me han hecho críticas y reseñas muy bonitas. Y luego, compañeros, maestros, como José María Gallardo, Juan Manuel cañizares, José Antonio Rodríguez, Óscar Herrero… me han enviado mensajes a título personal. Cuando un músico compone, toca, trabaja y crea, es para los compañeros. El flamenco es un gremio, una familia en la que todos nos retroalimentamos y en el que vamos completando ese puzle enriqueciéndolo. Al final es una música viva y entre todos tenemos que tirar para adelante. He recibido llamadas de amigos, maestros, ¡gente que admiro! que aprecien el trabajo, que lo valoren, y que me digan que se alegran de verme así de creativo, y trabajando por la línea que estoy trabajando es muy gratificante.
Y ¿cuál es esa línea que está siguiendo?
Creo que este disco es una mezcla. El de «Maestros del arte clásico flamenco» con versiones de dos de los grandes maestros: Ramón Montoya y Manolo de Huelva que hice con sus propias guitarras flamencas era algo poco común en la guitarra flamenca. Creo que el único que lo hizo fue Manuel Cano, que también tocó con otra guitarra de Ramón Montoya, con la “Pepita Jiménez” en los 60’, pero es algo poco frecuente. En el flamenco lo normal es componer la música de cada uno. Este disco marcó una tendencia diferente, al igual que con ‘Tamiz’ y, ahora, en este disco, aúno esas dos vertientes con composiciones propias, pero hay una serie de versiones en las que intento recrear formas musicales del siglo XIX: la habanera, la mazurca, los panaderos, la nana o la petenera que, aunque sea un palo del flamenco actual, en cuanto a la guitarra de concierto, hay muy pocas. Intenté poner el foco en esa sonoridad y eso me viene a través de ahondar en tocar guitarras antiguas, con cuerdas de las de entonces que eran de tripa y seda.
¿Y qué ha sentido?, ¿qué diferencias?
Con mi primer disco ahondé mucho en ese periodo y empecé a estudiar, en profundidad, esa época. Instrumentos que quizás no tenían un sonido tan grandioso, con un timbre muy bonito, muy dulce y lírico, una guitarra como muy cantarina, y esas cuerdas lo que te hacen es tener unos graves muy profundos y unos agudos muy melodiosos. Esa música que se tocaba entonces y esa forma, de alguna manera, fue lo que inspiró a Ramón Montoya y a otros guitarristas, a enriquecer el repertorio de la guitarra flamenca que a principios del siglo XIX era muy primitivo, no tenía tanto contenido. Puse el foco en estudiar a esos músicos de entonces. Cuando me pongo en ese momento histórico intento recrear formas artísticas, con los ojos de hoy, pero evocando el sonido de ayer. He jugado con la estética, no solo coger una forma musical, recrearla, y hacer lo que te nazca en ese momento, sino que, he sido fiel como hay que serlo cuando hacemos la soleá o las siguiriyas. Sabemos los cánones y respetándolos, podemos sonar al siglo en el que estamos.
¿Cómo se traduce eso en “El Primer Llanto”?
Lo que quería plasmar en este disco es que la guitarra española es muy amplia y puede convivir con otras formas porque cada guitarrista tiene sus inquietudes. ¿Por qué no voy a poder hacer otras formas del folclore español? Me parece bonito sacarlas a la luz. Se puede componer por rondeñas y también hacer unos panaderos, o por ejemplo una serrana, que es un palo que no brilla en muchos sitios porque se tiende a hacer los más frecuentes.
¿Qué ha descubierto que no sabía?
Creo que un guitarrista, cuanto más conocimiento tiene de la tradición, de los mayores, de todo lo que han hecho, te permite abrir más campo y hacerte más creativo. Eso es lo que he descubierto. Parece que, para ser creativo, hay que poner el foco en eso, en intentar serlo, en no parecerse a nadie, pero cuando sabemos todo lo que hay detrás, y más información tengamos creo que se trata de filtrarlo todo, canalizarlo, y expresarlo de forma muy honesta. Cuando compongo o recreo algo tengo muy presente a los maestros, pero también creo que tengo ya una forma personal que suena a mí.
Sonar a usted, es sonar a sobriedad, emocionalidad, ¿se reconoce en esa descripción?
Bueno, ¡muchas gracias! Yo soy así; creo que mi guitarra no es virtuosa en el sentido que impresiona con una técnica, que te hace una falseta y te deslumbra. Yo ahondo más en la parte musical, lírica, cantable. Mi guitarra es como soy yo. Me gusta ese punto íntimo. Ser claro en el mensaje y en la expresión, y también trabajo mucho la dinámica y el sonido.
Una nana para “El primer llanto”; una bulería para la “Noche de Reyes”, ¿Cuánta familia le cabe a la guitarra de Alejandro Hurtado?
Siempre lo digo y en el libreto lo pongo: a quién más le tengo que agradecer como soy, y como toco la guitarra, es a mi familia. Es algo que lo diré siempre, y mi música y mi todo se lo debo a ellos. “Noche de reyes” se llama así porque la terminé de componer esa noche. “La bondad”, el esqueleto de esa mazorca, la compuse el Día del Padre y se la dedico a mi padre también. Yo creo que es muy importante valorar a la familia que es el pilar fundamental de una persona, al igual que la amistad. Yo tengo muy buenos amigos y una familia ejemplar. Eso hay que celebrarlo.