“Al flamenco hay que cuidarlo y darle el valor que merece”

En Corto:

“Tenían miedo de salir a la calle, les producía asco la comida, la dureza de no poder comunicarte con nadie, o el hecho de cobrar en yenes y tener que volverse locos para que se los cambiaran en dólares, ¡y no volverse con un saco de yenes!, que como dice Pepe Habichuela, les habían dicho que además en España no iba a servir para nada”

Los japoneses que son muy serios, muy disciplinados, muy respetuosos y se encuentran con unas personas con las que tienen que tratar, que siempre llegan tarde, que cantan a todas horas, que son súper expresivos y les desbordan absolutamente”

“Los españoles van por el dinero, ganan mucho dinero y se vuelven, pero paro los japoneses que vienen aquí para hacerse flamencos, eso es como un salto, un triple mortal.”

Entrevista a David López Canales, periodista y escritor

Unos por la astucia del hambre y otros por pura pasión pero cuando se encontraron, el Flamenco y Japón, se reconocieron. Ya nunca volverían a separarse, ni sus protagonistas, a ser los mismos. Y de esa fascinación, de esa historia de historias nos habla el periodista y escritor David López Canales (Madrid, 1980) en su obra ‘Un Tablao en otro mundo’ (Alianza editorial, 2021) Un hilván de conversaciones con artistas como Pepe Habichuela o Ramón El Portugués que llegaron a Japón en los años 50 solo con el hambre y su flamenco, debajo del brazo. Anécdotas de nuestra historia en vivencias de otros que conforman la asombrosa historia de la llegada de nuestro arte a ‘ese otro mundo’ a vista de los ojos inocentes de los artistas de la época.

Asegura López Canales que ‘en España no se valora -y valorar no significa que te guste- el flamenco porque sencillamente no se entiende’. Y no puedo estar más de acuerdo. Un arte exquisito que se rige por la precisión, el compás y una amalgama de cultura e historias no es fácil para quien no guste de la reflexión, o sencillamente, de saber escuchar. Para aficionados o no, esta curiosa obra despertará nostalgia e interés; y sobre todo una empatía con este arte denostado, que sostiene en este país mucho más que parte de su economía. Pasen y lean.

Me gusta mucho lo que dice, cuando asegura que al flamenco no se le valora porque no se le conoce…

Sí, eso es una impresión que yo tengo que ni siquiera sabemos que estamos escuchando realmente entonces, pues cuesta más valorarlo. Luego el saber la calidad que tiene, al margen de que luego te guste o no, ya es otra historia, pero al menos deberíamos conocer la complejidad y la calidad que tiene esa música.

¿Y en todo eso?, ¿quiénes son o somos los responsables?

Uff, es una pregunta muy complicada. Creo que los responsables somos un poco todos: por no saber transmitirlo; los gobiernos, las Instituciones por no haberse preocupado de ensalzarlo, de valorarlo, de cuidarlo; de no tener el flamenco en el sistema educativo donde se pueda enseñar que hay una cosa en España que se llama flamenco, que es muy especial y que es única. Al flamenco hay que cuidarlo y darle el valor que merece. Nunca se ha prestigiado y nunca se le ha dado la importancia que merece. No se enseña en los colegios y sigue sin enseñarse. No es que tengan que salir los niños bailando o cantando por seguidillas, no, simplemente que sepan lo que es para que no lo sientan ajeno, para que no se sienta como algo que no es de este país. El Jazz o el Blues se siente más cercano que el flamenco siendo muchísimo más ajenos, porque ya en primer lugar, cantan en inglés. Y luego creo que también está esa desidia quizás por una cuestión histórica, por cierto asociacionismo entre el flamenco y el franquismo, ¿no? es el mismo que le pasó a la copla, me  da la impresión…

De todas las anécdotas que cuenta en el libro, ¿con cuales se quedaría?

Pues a ver por un lado estarían las más divertidas, las que describen cómo era ese choque de los flamencos con el país. Llegaron a un Japón que no habían visto ni en las películas. Tenían miedo de salir a la calle, les producía asco la comida, la dureza de no poder comunicarte con nadie, o el hecho de cobrar en yenes y tener que volverse locos para que se los cambiaran en dólares, ¡y no volverse con un saco de yenes! Que, como dice Pepe Habichuela, les habían dicho que además en España no iba a servir para nada. Por otro lado, el choque de mundos que se produce y de culturas, ¡cómo reciben los japoneses a los flamencos! Los japoneses que son muy serios, muy disciplinados, muy respetuosos y se encuentran con unas personas con las que tienen que tratar, que siempre llegan tarde, que cantan a todas horas, que son súperexpresivos y les desbordan absolutamente. Pero luego está el viaje a la inversa. Como muchos españoles encuentran en Japón lo que no tienen en España que se ese respeto y esa admiración que a ellos les abruma, o esa seriedad a la hora de trabajar que algunos encuentran y que tampoco tienen en España. Y luego ellos: como los japoneses que se meten en el flamenco, van dejando poco a poco de ser ‘japoneses’ para ser más extrovertidos, más emocionales.Y muchos, sobre todo los que vienen a España, les cambia tanto la actitud que cuando vuelven a Japón, ya no se sienten ‘japoneses’ nunca más. Sienten que Japón es como una cárcel para ellos. Es un país que no expresa emociones que está reprimido. Es decir, hay un viaje ahí, más allá del telón exótico.

Es un viaje de ida y vuelta entre en ambos sentidos. El flamenco les cambia la vida a todos…

Sí, a los españoles les cambia la vida. Muchos ya solo por el dinero que ganan los primeros años pueden comprar una casa y un coche a su vuelta a España. Eso ya era un colchón para mucha gente. Y luego los japoneses que vienen aquí, a esos son los que más les cambia la vida. Los españoles van por el dinero, ganan mucho dinero y se vuelven, pero paro los japoneses que vienen aquí para hacerse flamencos, eso es como un salto, un triple mortal.

Dice un proverbio japonés que ‘haz todo lo que puedas. Lo demás déjaselo al destino’. Una vez hecho, ¿qué espera de este libro?

Yo no espero nada. Que el que lo lea lo disfrute. Al menos la mitad de la que yo disfrutaba escribiendo lo y escuchando todos estos personajes maravillosos; también que si se acerca alguien a este libro que no sepa de flamenco, salga con un poco de idea de lo que es. Yo no quería hacer un libro sobre flamenco ni para un público flamenco. Quería hacer un libro que fuera divertido, que tuviera vida, pero que también aportara un poco de conocimiento al que no sabe nada.

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M. Isabel Rodríguez Palop

M. Isabel Rodríguez Palop

Una apasionada del Flamenco.

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