• 27 de may de 2018

El "marqués" de Porrina vuelve a casa

04 junio 2011

El Palacio de Congresos de Badajoz acogerá el día próximo día 10 el X Festival Flamenco, con Marina Heredia y su grupo, Paco Dávila, Javier Conde, la familia Vargas y Zaira Santos.
Si el Porrina de Badajoz viera que un Festival de Flamenco en Badajoz lleva su nombre, no se lo creería. Tampoco daría crédito a que se le dedicara una calle, a que su figura en bronce mirara a la Patrona pacense, y que, en definitiva, el Festival de Porrina de Badajoz fuera el punto de encuentro de las figuras que hace tiempo que ya, dejaron de ser promesas ante un público entendido y exigente. Y el cantaor pacense no se lo creería porque como comenta Domingo 'El Madalena': «al Porrina no se le ha hecho justicia», y pone un ejemplo: «en Badajoz hubo durante los últimos años de la vida del Porrina cinco grandes festivales flamencos en nuestra ciudad y a ninguno de ellos se le llevó a cantar. Incluso a Paco Zambrano y a mí, un directivo de la época nos dijo que no llevaba al Porrina porque les pedía cobrar, ¡hombre! Pues como el resto que también iba, ¿no?».
'Nadie es profeta en su tierra' dice el refrán, pero es triste que los homenajes y los reconocimientos siempre lleguen tan tarde.

Con el recuerdo del Porrina de Badajoz más vivo que nunca, en la ciudad testigo de lo mejor y lo peor de su vida arrancará el próximo viernes, 10 de junio, a las 21.00 horas este Festival en el Palacio de Congresos 'Manuel Rojas'. Este año abre el cartel Marina Heredia, cantaora granadina y, por supuesto, actuará un buen elenco de la tierra. El cante de Paco Dávila, la guitarra de Javier Conde y su grupo, y la familia Vargas con el baile de Zaira Santos, bailarina del Ballet Flamenco de Andalucía.
Los representantes de la guitarra flamenca extremeña serán Miguel y Juan Vargas, que, junto con la bailaora andaluza, pondrán los pies, los brazos, el ritmo y las seis cuerdas al festival.
El 'gitano y de Badajoz' como él mismo se hacía llamar vuelve a casa. A unos días del Festival le recuerda Francis Pinto, un 'asiduo' de esta cita flamenca. «Recuerdo que la primera vez que toqué en el Festival del Porrina fue en la Biblioteca de Extremadura, con el grupo de Cándido. Después, al año siguiente, con Miguel de Tena y al poco tiempo fue cuando pasó a llamarse Festival Porrina de Badajoz, ya que entonces se llamaba Joaquín Rojas. Yo venía de una lesión de más de cuarenta y seis días (cogí una tenosenobitis en París con Manuel Cuevas) y tras todos esos días sin tocar, me subí al escenario 'nerviosito' porque no sabía cómo iba a responder la mano, ni yo mismo, pero al final todo genial».
Otra cantaora también de la tierra, concretamente de Herrera del Duque, Celia Romero, participó en este Festival en el año 2007 y sabe lo que es 'subirse' a un Festival de estas características: «compartí escenario con Esther Merino, Pilar Andújar y Mayte Martín' -recuerda Celia- 'esa noche estuve muy a gusto en el escenario, con el público, aunque me pasó una cosa que no la olvidaré nunca: estaba cantando por tangos extremeños y tuvimos que parar el cante porque a una mujer del público le dió una lipotimia. No pasó nada grave, cuando nos avisaron de que estaba bien entramos al escenario y seguimos actuando». Anécdotas aparte, durante este Festival los nervios, el arte, la incertidumbre, la entrega, la veteranía y la juventud conviven tras el escenario. Una vez sobre él, se 'desnudan' ante una afición que llena cada año ese pequeño templo del cante en el que se convierte, cada lugar elegido para celebrar la gala. Dentro de unos días, se volverá a subir el telón.
El deber de raza
Ana Molina, madre del Porrina de Badajoz como muchas de las gitanas de la época no cantaba, ni bailaba: tocaba la guitarra. Lo hacía en su casa pacense, y se convirtió junto a las tías Tijeras, Amparo y Alegría en una pionera de la guitarra gitana extremeña. Así lo encontramos recogido en la biografía del Porrina de Badajoz, 'Vida y Obra de Porrina de Badajoz' de Francisco Zambrano, donde relata además que antes y después de morir el padre, la madre siempre decía a Porrina que las puertas de la casa había que abrirlas al cante por 'deber de raza'.
Esta y otras anécdotas que recoge este interesante libro resumen la vida de un cantaor único, e irrepetible del que los propios extremeños conocemos muy poco.
José Salazar Molina nació en Badajoz el día 13 de enero de 1924, aunque una vez ya convertido en 'Porrina de Badajoz' cambió el día de nacimiento en su primer Documento Nacional de Identidad, por aquello de la superstición y decidió nacer el día de Reyes, el 6 de enero. La vida de este gitano 'siñor' como él mismo se denominaba está plagada de anécdotas. No cobraba justo al terminar cada función, para hacer más valioso su cante, ya que como él mismo aseguraba «yo canto cuando quiero». Genio y figura.
Fue 'marqués' porque así lo quiso el pueblo y la aristocracia, aseguraba. Ese 'título nobiliario' fue otorgado, según la biografía de Zambrano, por una aristócrata francesa tras comprobar como, durante una fiesta en Torremolinos, el cantaor pacense le pedía prestado su anillo de brillantes, se lo ponía en el dedo meñique del pie y se zambullía en la piscina. No precisamente a nadar, si no a cantar, y además por seguiriyas. Al terminar, Porrina le devolvió a la aristócrata su anillo. Una 'rareza más' de este genio con el que consiguió que esta francesa le otorgara, de forma espontánea un: «usted se merece ser marqués».
Otras anécdotas, como las que compartió con el marqués de Villaverde, yerno de Franco, no hicieron más que acentuarle al Porrina al alter ego que José Salazar creó, que verdaderamente ostentaba ese marquesado. Y es que su vida, intensa, sencilla, creada a imagen y semejanza de lo que él mismo soñó, está llena de puros guiños al marketing más actual. Supo llamar la atención con su forma de vestir (chaquetas verdes, calcetines rojos, pantalones grises y su inconfundible clavel a la solapa, y las gafas oscuras sin graduar 'para ver lo que yo quiero' como repetía).



Porrina de Badajoz el niño que cantaba en 'los cuartos', el millonario que no contaba el dinero que ganaba, el 'aristócrata' que presumía de tener 'haigas' (el mejor coche que 'haiga'), el que compraba automóviles americanos sin saber conducir, el pacense que a su vuelta a Badajoz soñaba con un gran Festival en el que su nombre figurara junto al de las estrellas de la época. El mismo que murió en Madrid, sin haber visto nunca ese cartel. Justo en la ciudad a la que paseó junto a su nombre, con elegancia, arte y poderío. La misma ciudad que en una semana, demasiados años más tarde, llevará su nombre hasta el Palacio de Congresos. Esta vez, sí, con su nombre por todo lo alto.

Artículo publicado en: http://www.hoy.es/v/20110604/sociedad/marques-porrina-vuelve-casa-20110604.html

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