• 19 de nov de 2018

"Aquí no hay nadie más que nadie"

28 enero 2011

Llamo a Raquel Cantero (Cáceres, 1978) y al otro lado del móvil me reciben Bisbal y Chenoa: ‘Escondidos’. Me sorprende que una cantaora a punto de convertirse en doctora en flamenco tenga a estos dos ídolos del pop como música de espera, pero no me da tiempo a más conjeturas. Raquel coge rápidamente la llamada, y la celebra.


 raquel cantero

–Esperaba flamenco en su móvil, ¿una tregua a la artista?


–Creo que una artista no debe centrarse exclusivamente al género que se dedica. Lo veo como una manera de enriquecerme en la cultura de la música.

Raquel Cantero aprendió de sus padres, los cantaores Eugenio Cantero y Nina Díaz que el arte se tenía en la garganta pero también en el esfuerzo. En los miles de kilómetros que había y hay que recorrer para ser escuchado, para en cada pueblo, en cada ciudad crecer un poco más como artista. Ella les escuchaba, aprendía de la vida y del arte observando a su progenitores, pero nunca dejó de aprender de los que artísticamente son sus referentes: La Niña de los Peines, La Perla de Cádiz, La Repompa, Pérez de Guzmán, Antonio Mairena, Carmen Linares... etc.


–¿Qué ha aprendido como hija y como artista de sus padres?


–Todo. En lo que concierne al arte flamenco: a tenerle un amor y un respeto muy profundo, algo que llena mi vida desde niña. También su saber estar en un escenario, el conocimiento tan profundo del flamenco que tienen, su afición desmedida...

Raquel Cantero, licenciada en Humanidades, forma parte de las que será la primera generación de doctores en Flamenco por la Universidad de Sevilla.


–¿Qué le hizo centrarse en el estudio?, ¿la incertidumbre del mundo artístico o la tozudez de sus padres?


–Las dos cosas. Me pusieron la condición de que si me quería dedicar a esto no podía dejar de lado mis estudios. Además, el mundo del flamenco es muy complejo. Hasta ahora no ha tenido el reconocimiento que se merece, ¿no?. De siempre se ha pensado que el flamenco es un arte de gitanos, de borrachos, de gente de mal vivir, de mujeres del arte, y por eso mis padres me pusieron esa condición: que me tenía que dedicar al estudio, tener mi carrera para el día de mañana hacerme respetar como artista y como persona. Me enseñaron a dignificar el cante.


–¿Por qué Humanidades?


–Porque independientemente de mi afición al flamenco soy una gran aficionada al mundo de las letras y pensé que Humanidades podría cubrir mis expectativas en ese sentido. Al terminar la carrera marché a Sevilla a la Fundación Cristina Heeren con una beca de ‘ampliación de estudios musicales’ que me cubrió la matrícula de un mes. Una vez allí la propia Fundación me dio otra beca anual que se prorrogó otro año mas. Estando en Sevilla surgió la posibilidad de hacer el doctorado en flamencología. Era y es una iniciativa novedosa.


–Una de las profesoras que imparte el doctorado en esta materia es la extremeña Eulalia Pablo Lozano. ¿Qué le parece que una extremeña tenga que irse a Sevilla para impartir flamenco como asignatura docente?


–Me consta que está haciendo una gran labor por nuestros cantes y por los artistas de aquí. Eulalia Pablo Lozano es además mi directora de tesis (no quiere revelar el tema., prefiere presentarla una vez concluída).


–¿Qué le falta a nuestro cante para dar el paso definitivo?


–Quizás algún lugar, un centro como punto de encuentro donde se pueda formar a la nueva savia. Es muy triste que tengamos que salir de nuestra tierra, cuando en Extremadura contamos con personas que pueden desempeñar esos puestos docentes.


–¿Y están aquí o tenemos esos valores fuera?


–Los tenemos en Extremadura pero no nos hemos enterado todavía.


–Qué es peor, ¿un ‘olé’ mal puesto o un mal aficionado?


–Las dos cosas son peligrosas,. Porque un olé mal puesto puede endiosarte y un mal aficionado puede hacerte mucho daño.


–Usted se presenta en la próxima Bienal de Sevilla, donde se dedica una noche a Extremadura, con unas colombianas de ‘Pepe el Molinero’.


–Sí. Es un cante poco conocido. No está reconocido como cante autóctono como los jaleos o los tangos, o las recreaciones personales como los fandangos del Porrina, de Pérez de Guzmán, de Fregenal o su taranta, pero su colombiana no, y es muy especial.


–Qué curioso que la hayan llevado a la Bienal entonces, ¿no?


–Creo que causó sensación porque contiene unos giros especiales a partir de las propias colombianas.


–Sus conocimientos sobre flamenco, ¿hacen diferente su cante?


–No, no, quizás es más completo. Mi cante no es mejor ni peor que el del resto de mis compañeros, pero sí está respaldado por unos conocimientos que a mí, a nivel personal, me enriquecen. Nosotros cuando cogemos un cante lo estudiamos a partir de la base musical, lo que pasa es que yo también lo estudio en cuanto a su origen, su evolución. Ahí me refiero que puedo tener más cultura musical. Por ejemplo, en el momento en que vas a ejecutar un cante puedes contar además, sus orígenes, quienes son sus principales intérpretes propagando además cultura flamenca entre la afición. Es una forma de poner mis conocimientos al servicio de los demás.


–¿Eso le ha hecho sentir diferente en un escenario?


–Me hace sentir mejor.


–Pues comparta con todos los lectores algún truco, por ejemplo, ¿cómo diferenciamos el polo de la caña?


–Por la melodía. (empieza a cantar...) Los aires son parecidos pero son distintos. La caña en el inicio tiene salida, el polo no tiene salida. Me refiero al temple. La caña empieza en linea ascendente (sigue cantando.... acompañando a la teoría) el polo no... El primer cuerpo de la caña se acomete arriba, y el polo es distinto.

Raquel Cantero canta bajito, entusiasmada y entregada a esta clase magistral improvisada.. ,‘no hay quien le diga a un rondeño. ..’ de repente para, y me espeta un: ¿ves que la música y los aires son distintos? Y yo lo único que veo es al futuro del flamenco en Extremadura por derecho propio. Por conocimientos y saber estar. Y por artista. Raquel sigue ofreciendo diferencias, mientras sigue entonando con una voz fina, cuidada, que sale de forma natural. Sin esfuerzo. Habla de flamenco y se le humedecen los ojos. Se emociona. Son esos momentos en los que una sea da cuenta de lo grande que es este arte. De todo lo que guarda, y de todo los que nos aguarda a los que queremos asomarnos cada día un poco mas a el. A los que temían que se perdiera algo de nuestro arte, pueden respirar tranquilos. De estudiarlo, de amansarlo, de preservarlo, y de interpretarlo, ya se encarga Raquel Cantero.



A golpe de Martinete




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