• 20 de jul de 2018

Antonio Santiago, guitarrista "Todo el mundo pasa un momento de soleó"

12 mayo 2012

"Ha sabido con mucho arte / acompañar a muchos grandes / teniendo la buena sabiduría /  de saber bien adaptarse, / sabiendo llevar el ritmo / con su buena voz flamenca / para la afición más grande".

Estos versos van dedicados a su padre, Enrique 'El Extremeño', y su hijo, el guitarrista Antonio San­tiago (Juan Antonio Enrique San­tiago, Sevilla, 1986), los escucha embelesado. Con 26 años asegura tener la suerte »de haber vivido mu­chas fiestas» y tras la antonio santiagodemoledora frase que a todos nos gustaría repe­tir sin pudor, una descubre lo que es vivir como un flamenco, «ser fla­menco». La juerga como cultura, el cante jondo como amanecer, ese saber escuchar «aprendío» tras mu­chas horas de estar, cada uno, en «su sitio». Solo escuchando. Solo aprendiendo. Siendo testigo mudo de una obra de arte irrepetible, en la que la noche es la única respon­sable de enmarcar a un 'duende', que nunca sabes cuando volverá a acompañarte. Todos esos senti­mientos me traslada Antonio San­tiago. Es la fuerza del que toca por derecho avalado por el arte, la he­rencia artística y familiar, y desde luego, del que vive sin complejos una vida llena y dedicada al flamen­co. A ver si aprendemos.

Se va a una fiesta privada el pró­ximo 8 de junio a Palma de Ma­llorca..Si, nos vamos Remedios Amaya, Farruquito, 'El Farru', gente de .., cerca de quince o veinte artistas...

¿Podemos saber quien es el afi­cionado que paga tal festival? -Un anónimo María Isabela, un anónimo

-¿No es una vuelta a esos años del señorito que pagaba lo que que­ría, al que quería?

-El argumento en los años 50 ó 60 es parecido al de ahora, con la dife­rencia de que en estos momentos se paga mucho dinero, y a los artis­tas nos interesa. Tampoco son tan frecuentes estas fiestas, no te creas. Es cierto que pasa lo mismo que en aquella otra época pero la historia ha cambiado bastante. Antes los ar­tistas se quedaban en los tablaos es­perando a que el señorito llegara y les diera lo que le viniera bien,.., ahora no. Ahora la historia es total­mente diferente. Uno va de artis­ta: te pagan tu hotel, tus gastos, tus sueldo...

-¿Ahora el cante es más digno?

-Bueno según como se mire. Anti­guamente en las fiestas se canta­ban por solea, fandangos, siguiri­yas..., lo que apeteciera. Ahora la mayoría de los que contratan, so­bre todo en este tipo de fiestas pri­vadas, les gusta más los cantes por fiestas. Pero vamos, que no quita que se canten otro tipos de palos.

Pero suena a 'snob' con dinero­...

Puede ser, pero hay de todo. Hay gente con más o menos afición. Si les gusta el cante, el que tiene unos 150 invitados no le importa que se cante por siguiriyas, por solea..., eso, si el que te contrata es aficio­nado o los invitados te lo piden, pero ya le digo que la historia ha cambiado mucho. En las fiestas se toca por bulerías y ya, casi para ter­minar, unos fandanguitos. Vamos, que el rollo ha cambiado mucho en este aspecto. La bulería es protago­nista.

-Pero entonces, ¿dónde queda 'el amor al arte'?

-Es evidente que en estas fiestas hay bastante poderío económico, pero también hay gente que no es que sea multimillonaria, pero que se dejan la piel en cada una de las celebraciones. Casi siempre los gi­tanos se han empeñado a la hora de festejar bautizos y comuniones en que todo sea a lo grande, y en eso se han empeñado hasta los ojos. Respecto a las fiestas hay mucha gente que tiene mucho poder ad­quisitivo y gente que no tiene, pero a todos les une el amor por el fla­menco y con más o con menos con­tratan a lo mejor, no a quince artis­tas, pero si a dos.

-¿Qué vivencias comparte con su padre respecto a este tipo de fies­tas?

-Mi padre ha ido a pocas fiestas, pero de todas formas María Isabel, este tipo de fiestas tampoco son tan habituales como pueda creerse. Hay alguna de vez en cuando, y sí, como hablábamos antes, es verdad que pasa como ocurría en aquellos tiem­pos, pero las cosas ya no son así.

¿Uno nace flamenco?

Yo empecé tocando con trece o ca­torce años, pero recuerdo estar al lado de una guitarra desde que nací. Tengo fotos de cuando era un bebé agarrado a las seis cuerdas. No sé, me gusta la guitarra desde que ten­go uso de razón.

¿Su familia hubiera entendido que se dedicara a otra cosa?

Posiblemente si, casi seguro... yo creo que ya hay muchos hijos de ar­tistas que no se dedican al flamen­co, y eso no quiere decir que no lo puedan entender, que no lo vivan. Hay mucha gente a la que este arte nos les mueve, o sencillamente no han querido elegir este camino des­de el principio.

-¿Cual ha sido la mejor noche que ha vivido hasta ahora?

-Ufff, la mejor... la verdad es que sería complicado poder describirla, porque he tenido la suerte de vivir muchas fiestas con muchos artis­tas y en bastantes ocasiones. Una de las que más he disfrutado fue la otra noche, cuando en la Sala Doré terminó su espectáculo Antonio Canales al que acompañó Paulo Mo­lina al cante y yo a la guitarra y fue de esos momentos mágicos, cuan­do termina lo que es la actuación propiamente dicha en la que tuvi­mos el lujo de poder escuchar a 'La Kaíta' o a Alejandro Vega. Otra de esas noches la viví en Sevilla, tam­bién en una fiesta privada en una sala donde parábamos todos los ar­tistas normalmente. Y no sé, ese día me parece que terminó una ac­tuación en el Teatro López de Vega,..., ahí estábamos de fiesta 'El Farru', Farruquito y el resto de su familia, Manuel Molina, Canales, Juan de Juan, unos treinta artistas. Fue una noche de almas que se aglutinó... fueron muchas expe­riencias. Son tantas, tantas viven­cias las que se pueden vivir en una noche...

-¿ Y qué se lleva uno de esos mo­mentos?

-En la noche se aprenden cosas que a uno le sorprenden realmente.. puedes aprender a saber escuchar, que es lo mas importante, y más cuando estás rodeado de gente afín. La noche te da vivencias y apren­des muchas cosas, por ejemplo, a tocar de diferente manera. De otra forma a como lo harías en el esce­nario.

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