• 27 de may de 2018

Javier Conde: "Llevo a la guitarra todo lo que suena"

25 febrero 2012

Si con 15 años uno se lleva el Bordón Minero en el XLIV Festival Internacional del 'Cante de las Minas' en La Unión, Murcia, ya tiene que torcerse mucho el camino para no convertirse en un referente de la guitarra. Javier Conde (Cáceres, 1988) va camino de serlo. Acaba de llevarse el reconocimiento de la Asamblea-Congreso de la Asociación Nacional de Críticos, Estudiosos e Investigadores del Flamenco, que le ha otorgado el Premio Nacional de la Critica 'Miguel Acal' en modalidad de Guitarra Flamenca. Atesora primeros premios como el 'Ateneo de Córdoba', 'Paco de Lucena' o el del VI Certamen Internacional de Guitarra Flamenca 'Ciudad de Jaén'. Un currículum apabullante para un guitarrista de una juventud insultante. Durante nuestro encuentro, me dice que esta entrevista es más dura que un trabajo en el Conservatorio, pero me cuesta creerlo. Siempre será más complicado 'lidiar' con una guitarra desde los cuatro años y quedarse dormido con ella en brazos.
-Acaba de recibir el Premio Nacional de la Crítica 'Miguel Acal', ¿cuánto pesa esa responsabilidad?

-Una vez que te premian siempre tienes la responsabilidad, vayas a donde vayas, de hacerlo lo mejor posible. Sobre todo, para que la gente vea que no ha sido flor de un día y que solo gracias a méritos propios lo has conseguido. Desde luego, vaya desde aquí mi agradecimiento a toda la gente que lo ha hecho posible.

-¿Es más honorable un premio cuando se otorga desde la crítica?

-Hombre, tiene un valor diferente. Para mí tiene un significado especial el hecho de que el premio me lo hayan otorgado artistas e investigadores. Siempre es un placer conseguir un reconocimiento. En este caso es la primera vez que consigo un galardón de esta índole y es que generalmente, en muchos certámenes de guitarra, el jurado lo conforman aficionados o un amigo del presidente que 'medio' sabe tocar.

-¿Pone en duda la cualificación de los jurados respecto al flamenco?

-Hay concursos en el que el nivel del jurado es muy bajo y eso conlleva un valor diferente a tu interpretación. Obviamente en los concursos de cierto peso, sí se mira mucho esto: varios guitarristas, cantaores y bailaores responsables de calificar, que son realmente los que pueden valorar de manera mas justa este arte. Se agradece. Tienen otros criterio muy diferente a la visión de un aficionado.

-A nivel de concursos hay varios que son importantes y a los que todavía no descarto presentarme, pero he de reconocerle que, para mí, el mundo de los concursos quedó cerrado una vez que gané el premio de la Minas, el 'Bordón Minero' en guitarra flamenca, uno de los más prestigiosos, si no el que más.

-Con 15 años, ¿uno entiende lo que significa el Bordón Minero?

-Realmente no, no en toda su magnitud, pero sí tenía en mí un significado muy personal. Con once años solo llegué hasta la semifinal y quedé fuera de la final. Recuerdo perfectamente que cuando vi en el papel aquella mañana que aparecía mi nombre, que estaba fuera, me decepcioné mucho. Aquel día mi padre me dijo que me faltaba más bagaje en el mundo de los concursos y los escenarios. Cuatro años mas tarde me volví a presentar con tres o cuatro primeros premios y con mucha más experiencia. Fue cuando conseguí el premio. Resultó ser un 'boom' para mí en cuanto a publicidad, a reconocimiento de mi trabajo, pero respecto a los conciertos tampoco tuvo una repercusión en relación al premio que había conseguido. Pero, mira, poco a poco se van consiguiendo las cosas y la perseverancia muchas veces, ayuda a conseguir los objetivos.

-Usted ha crecido con una guitarra en sus manos, ¿se explica la vida en seis cuerdas?

-Si, todo el día tengo la guitarra y el flamenco en mente. Cuando estoy con mi novia en algún bar, mentalmente estoy intentando sacar los acordes y estructuras de las canciones, aunque resulta complicado si lo haces un fin de semana porque la música en los bares nocturnos no ayudan a este ejercicio. Todo lo que suena lo intento llevar mentalmente a la guitarra, la música de los anuncios también intento sacarla para agudizar el oído, por lo tanto, mi vida y mis pensamientos van con las seis cuerdas. Se parece a la vida: hay que afinarla todos los días, y de vez en cuando hay que cambiarle las cuerdas, ¡como la vida misma! (se ríe).

-¿Qué ha aportado usted a su guitarra, y su guitarra a usted?

-La guitarra me ha aportado todo lo que soy: mi forma de ver la vida y de vivirla. Unos valores y una constancia que me han moldeado. Me ha dado la oportunidad de viajar y de poder ofrecer flamenco, en diferentes lugares, en diferentes países, algo que sin ella no podría haber visitado.

-Con cuatro años se inició en la guitarra gracias a su padre, José Antonio Conde también guitarrista, ¿cómo recuerda la primera vez que tuvo una guitarra en sus manos?

-Sinceramente, no lo recuerdo, pero hay fotos que lo atestiguan, aunque he de contarte que siempre me ha llamado la atención la guitarra. Mi padre compuso una rondeña cuando nací, y parece que yo desde pequeño la bailaba, me movía al compás de la guitarra. Fue algo que llamó la atención a mi padre. Como soy su primer hijo, me asegura que se volcó más en mí una vez que sufrió la lesión..., y de ahí viene todo.

-¿Qué tipo de lesión sufrió su padre?

-Una distonía focal. Anula el libre movimiento de los dedos y en 1992 mi padre la sufrió durante un curso del maestro Manolo Sanlúcar en Córdoba..., casualidades (actualmente Javier Conde vive en esta ciudad cursando sus estudios en el Conservatorio). Él, al no poder tocar como antes y ver que crecía la familia y no poder cuidar de nosotros como él pretendía, se vino abajo. Creo que empezó a recuperarse cuando empezó conmigo, cuanto tenía cuatro años. Tengo 3 hermanos más, y no creas, que también mi padre intentó inculcar la pasión del flamenco en ellos, pero mis hermanos tienen un carácter diferente a mí. Actualmente mi hermano pequeño toca la guitarra eléctrica, yo estoy en segundo en el conservatorio, y nos sigue dando 'la vara' con el estudio. Somos los únicos que tocamos un instrumento en la familia, junto a mi padre.

-¿Qué recuerda de su primer acorde?

-Que dolía mucho al apretar con la mano izquierda..., esa señal que se me quedaba en las dedos no debía de ser bueno.hoy esa marca ya es un callo. Ya han pasado muchos acordes.

-¿Uno puede nacer guitarrista?

-Las condiciones que se tienen que dar son muy angostas, dependen de muchos factores: el entorno, la afición y por su puesto las ganas de cada uno para potenciar todo esto...

-Nunca pienso en el futuro a largo plazo. Las cosas vendrán por si solas, y si realmente merezco estar en un lugar preferente llegará con el tiempo. Cuando tenía once años tampoco pensaba que fuese a tocar en el Líbano o en New York, o que llegaría a grabar con el maestro Manolo Sanlúcar, así que después de esas experiencias, no pierdo el tiempo haciendo cábalas.

-¿Siente que el flamenco le ha robado su infancia?

-No, porque todo lo que he hecho en mi niñez, ahora me beneficia. Recuerdo cuando mi padre me decía: ¡a tocar! y remoloneaba para no hacerlo. Mi padre me hacía juegos para tocar. Recuerdo que tiraba una moneda y el que más cerca quedara del rodapié de la pared ganaba, pocas veces ganaba. El que perdía tocaba...

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