• 23 de abr de 2018

Salvador Martínez: "Hay gente que no arranca aplausos, que no llega"

12 marzo 2011

No existen muchos bailaores en nuestra tierra, y destacan solo unos pocos a nivel nacional, por eso, tener la oportunidad de entablar conversación con un bailaor de la categoría de Salvador Martínez (Badajoz, 1965) se convierte en una buena oportunidad para comprender el baile desde la perspectiva del hombre. Ese baile sin artificios, sin remates en el 'vestío', sin bata ni mantón. Con la ortodoxia en el corazón y un taconeo limpio y sobrio, Salvador Martínez conquistó el país luso con su baile y se convirtió en todo un referente del flamenco. En Extremadura continúa su labor conquistadora convirtiéndose en un maestro de futuros maestros, aunque como él asegura 'a mí nadie me enseñó a enseñar'.




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Vicente Escudero (Valladolid 1888-Barcelona 1980) ha sido y es, el paradigma del baile 'viril'. Todo un referente en el flamenco, entre otras disciplinas. En su decálogo encontramos directrices como: bailar en hombre, sobriedad, caderas quietas, bailar asentao y pastueño...

-¿Cual de estas normas lleva usted a gala?

-La sobriedad y lo pastueño. No me gusta lo 'acelerado'. A mí me gusta la soleá, lo tranquilo. Quedarte parado es lo difícil. Es lo que la gente no sabe hacer. Saberse parar. Correr es muy fácil.

-¿Qué es más complicado sobre un escenario?, ¿ser bailaor o bailaora?

-Es más difícil ser bailaor porque es un baile más limpio. La mujer se esconde mucho en la bata de cola, en el mantón, en el abanico y en el traje. Y mira que eso es muy importante, porque se está perdiendo esa pureza. Ya no vemos palillos en las seguiriyas, ni los mantones en una soleá, ni en los caracoles abanico, ni las batas de cola..., solo queremos metralleta 'traca, traca...'. Entiendo que el flamenco tiene que evolucionar y que haya que fusionarlo y se le meta contemporáneo, pero que no pierda la pureza. El hombre va con el cuerpo descubierto. La mujer tiene más recursos, pero el hombre tiene que poner la postura. Se le ve entero desde la cabeza hasta los pies, y sí, se puede agarrar el chalequillo pero, ¿y si no lo lleva?

-¿Estamos mal acostumbrándonos al no valorar el baile de forma más clásica?, ¿nos hemos acostumbrado al baile 'metralleta'?

-Tanto a Joaquín Cortés, como a Canales o Rafael Amargo les he visto bailar en mi época. Si vosotros hubierais visto a Joaquín Cortés con Eva La Yerbabuena hace veinticinco años en el Teatro Romano de Mérida bailando él una farruca, cuando era un niño vestido ortodoxamente con un chalequillo, y Eva bailando una soleá..., era impresionante. Yo ahora no comparto la visión que tienen ellos del baile. A Rafael Amargo le he visto bailar 'que te mueres' y ahora no me gusta, y a Farruquito con lo buenísimo que es..., y ahora solo son saltos y 'metralletas'. Piensan que innovan así. No lo entiendo.

-Habla del profesor con el que empezó su carrera en Triana...

-Yo comencé aprendiendo sevillanas con Alfonso en Badajoz. Tenía dieciocho años, pero quise seguir ampliando mis conocimientos y me fui a Sevilla. ¿ Sabe lo que he tenido que pasar? Levantándome a las seis de la mañana, ¡y antes no había autovía! con mi mujer, con niebla, granizo, lluvia..., para empezar las clases particulares con Manuel Marín a las 9,30 hasta las 11 o las 12, y luego volverte para atrás. Y así, por lo menos, cuatro años.

-¿Y dónde aprendió más?, ¿en la academia o en esos cuatro años de trabajo, de sufrimiento, de lucha por un sueño?

-En la academia aprendí técnica, que es lo que te enseñan, pero en esa trayectoria y en ese sufrimiento gané en maestría, experiencia. Desde que comencé he tenido mis escuelas de baile. Ahora tengo academias en Jerez de los Caballeros, Santa Marta y Almendralejo y está feo que lo diga yo, pero te cojo una clase, y es 'magistral'. Te puedo enseñar toda la esencia, efecto y compás en un paso. Y eso lo he tenido que estudiar yo solo, sacarlo de mi despensa, nadie me enseñó a enseñar. He hecho cursos en Madrid, en Granada con Carmen de las Cuevas.... Ahora estoy montando un nuevo espectáculo con Elena Algado, la primera bailarina del Ballet Nacional de España. Ella vive en Madrid y hace sus giras, pero casi todos los fines de semana viene a mi escuela en Santa Marta como coreógrafa en mi próximo trabajo.

-¿Qué es lo único que no se enseña?

-El arte, el duende, el transmitir a la gente. Tú puedes hacer a un artista técnicamente y hacerle ver estrategias, enseñarle a arrancar un aplauso, pero la forma de llegar al público no se aprende. Hay que nacer con ese arte para que el duende se apodere de ti. Hay gente que no arranca aplausos, que no llega. Y eso es un don que no se enseña, se tiene o no se tiene.

-Hablemos de Portugal. ¿Por qué centró su carrera en el país luso?

-¡Quince años de mi vida!. Esto surgió porque íbamos haciendo espectáculos los fines de semana en el restaurante 'Chimarrao', una cadena de rodizios brasileños. Abrieron uno en Elvas y nos contrataron. Les gustó y acabamos bailando, mi mujer Rosa y yo en toda la cadena de restaurantes por Portugal. Montamos academias de baile, hacíamos dobletes y tripletes..., ¡yo he estado hasta seis años seguidos en el mismo lugar bailando!. Nos llevaba gente muy famosa y nos recorríamos todo Portugal, Madeira, las Azores... etc.

-¿Cómo entienden el flamenco los portugueses?

-Lo entienden cada vez más. Cuando yo llegué estaba por descubrir, y cuando empezamos a dar clases, la gente se volcó. Yo he dejado allí a alumnos que han montado luego sus escuelas, que han montado sus propios espectáculos.

-Llegó a bailar para el primer ministro.

-Fue fantástico. Tuvimos mucho éxito. Además, salieron tantas cosas de allí..., como trabajábamos en locales de gente muy famosa, estábamos muy bien relacionados. En uno de nuestros espectáculos nos eligieron para un espectáculo en Coimbra, en 'Quinta Das Lágrimas' para el primer ministro Antonio Gutiérrez. Fue una experiencia preciosa. Luego, en un Festival Internacional en Francia conocimos al director de la Orquesta Clásica de Oporto, que se hizo íntimo nuestro. Nos llevaron a su casa y actuamos para el alcalde de París. Fue otro evento importantísimo.

Salvador no cesa de nombrar a su mujer: 'me hubiera gustado que estuviera Rosa, que tiene un memorión...', 'es que ella es un libro abierto...'. Pareja en la vida real y sobre el escenario durante tantos años, el bailaor y el hombre no saben desprenderse de esa otra mitad, su mujer, con la que luchó codo con codo para conseguir todos sus sueños.

-Su hijo percusionista trabaja en su cuadro flamenco, su nuera también. Su mujer bailaora ¿se llega a perder el compás con tanto arte?

-Ja, ja, ja .. Gonzalo Martínez, mi hijo, lo tiene como hobby. Ha aprendido mucho con Francis Pinto y con Antúnez, pero trabaja en una agencia de seguros y durante los días de diario va con su traje de chaqueta. Mi futura nuera baila en mi cuadro, aunque también trabaja en una tienda.

-Pero, ¿se escucha otra cosa en su casa que no sea flamenco?

-A mí me gusta todo menos el tecno. Mire, ¿usted se acuerda del programa Aplauso?

¡No me diga que fue a 'Aplauso, La Juventud Baila'!

-¡Sí, sí! Yo fui pareja del equipo de baile de discoteca con 14 años. En aquella época estudiaba 1º BUP. Vinieron a hacer un casting a Badajoz, creo que a la discoteca '29' y se presentaron de toda la provincia. Mi amiga Paca y yo llegamos hasta cuartos de final compitiendo con Lugo y Bilbao en la modalidad 'discoteca'. Me quedé impactado con la experiencia en Madrid, en la televisión... fue inolvidable.

-¿Y a quien le daría usted ahora ese 'aplauso'?

-A mi mujer.

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