• 20 de jul de 2018

"Esto no deja de ser un trabajo"

10 diciembre 2011

Quedamos en 'La Jarana'. El lugar con el mejor nombre para un encuentro entre periodista y bailaora. Una artista que su marido, el cantaor Paulo Molina, ya nos definió como 'salvaje'. Fuerza no le falta, ni valentía, ni arrojo. Licenciada en Comunicación Audiovisual, a Carmen (Mª del Carmen Puente, Badajoz, 1982) le tiró finalmente el baile tras seis años trabajando en la televisión de Santa Marta como presentadora. Un día decidió dejar de 'ser el rostro' para ser 'la artista'. Y más que artista, docente. Carmen tiene actualmente ciento cincuenta alumnos entre sus academias de Santa Marta, La Morera y el Taller Municipal de Arroyo San Serván. Asegura que ese es 'su pan de cada día' y que los espectáculos van aparte. Carmen, con los pies en el suelo taconea su jornal, sin artificios, ni falsos sueños.
-¿Cualquier bailaora puede ser profesora de baile?


-Creo que con el tiempo si. Al principio es duro dar clases, y ahora se imparten cursos de pedagogía del baile y puede resultar más fácil, pero yo he aprendido a base de los años, de un alumno y otro, de un palo y otro. No todo el mundo tiene la misma paciencia, pero si te lo tomas como el pan de tu casa, no te queda otra, ¿no? Ya estudiando la carrera daba clases de sevillanas y rumbas en la Hermandad del Rocío pero realmente me inicié con Salvador Martínez y su cuadro flamenco. Cuando él no podía, él me metía a dar clases. Cuando íbamos a Portugal, si a él le surgía algo, ya me encargaba yo de los alumnos..., fue ahí cuando me inicié.


-¿Se siente menos bailaora por dedicarse a la docencia?


-No, al revés. Para mí es una satisfacción enseñar flamenco, me engrandece como bailaora. Yo cuando veo las alumnas más avanzada moviendo el 'colín' para mí es una satisfacción comprobar como se enfrentan a palos como la soleá o los tientos, llevando el compás y conociendo el cante a la perfección.


-Hay muchas maneras de enseñar, ¿cual es la suya?


-La mía es que la gente conozca los distintos estilos y los distintos compases, y escuche una letra de bulerías y sepa defenderse. Que escuchando unas alegrías sepan donde hay que hacer 'la llamada', o por ejemplo, que en una boda pongan una rumba y sepan salir con elegancia, rematar e irse a su sitio, y no volverse loca haciendo un paso, otro paso y otro paso. Eso es lo más difícil.


-Me habla siempre en femenino, ¿hay pocos alumnos varones?


-Poquísimos, solo tengo dos.


-En el baile es evidente, pero respecto a la enseñanza, ¿es diferente el aprendizaje en un hombre y en una mujer?


-Si, una mujer tiene que bracear mucho más, ser más sensual bailando. Un hombre no tiene que mover las manos y es más 'brusco', diríamos. Una mujer tiene que marcar más porque tiene otros recursos: la falda, las castañuelas, el mantón, la bata de cola..., una mujer mueve una serie de instrumentos que requiere no solo pies, fuerza y masculinidad. Sobre todo requiere feminidad, por eso tiene que marcar más, quedar más claro lo que está haciendo sobre el escenario No quita que haya mujeres que sean más masculinas bailando. De hecho es otra escuela que a mí también me gusta.


-¿Qué bailaoras estarían en esa escuela?


-Por ejemplo, Juana Amaya, mi profesora. Pero Juana no tiene nada que ver, a nivel familiar con Carmen Amaya*.


-¿Y en qué escuela estaría usted?


-Yo intento que en las dos. Siempre cuando bailo, dependiendo del estilo que baile, intento marcar más o ser más masculina. Si bailo alegrías me gusta ser más femenina. Las bulerías, en cambio, para mí requieren otra fuerza y un 'plus' de masculinidad sobre el escenario.


-¿Ha usado el pantalón para bailar?


-Si, muchas veces, en mis principios como Carmen 'La Parreña' bailaba soleá en pantalón.


-Y antes, ¿cuando 'solo' era Mª del Carmen Puente, la aficionada?


-Yo bailaba siempre tal y como me cogía el duende. Mira, en una excursión de 4º de la ESO en París, improvisamos un baile en la boca del metro. Pasamos la gorra y sacamos dinero para los botellines de agua.


-¿De gorra hay que bailar muchas veces para luego cobrar?


-Pues claro. Se baila en muchas galas benéficas, en celebraciones de amigos, en bodas pero para luego cobrar, no. Yo creo que cuando me convertí en Carmen 'La Parreña' lo hice tras muchos año de trabajo, y honestamente pienso que con un nivel profesional que ya requería ciertos acuerdos comerciales. Esto no dejar de ser un trabajo.


-¿Qué supuso a nivel personal dejar de ser Mª del Carmen desprenderse de la aficionada y convertirse en Carmen 'La Parreña'?


-Para mí supuso ilusión, responsabilidad, miedos, alegrías y sobre todo, la satisfacción de haber cumplido un sueño.


-¿Le costó trabajo dar el paso?


-Fue Paulo el que me dio el empujón: 'Esto es muy fácil. O te dedicas a ésto aprendiendo y trabajando o te quedas aquí'.


-¿ Y que le dijo?


-Que tirábamos para adelante los dos. Carmen 'La Parreña' y su gente, que es mi tarjeta de presentación, no sería tal si no fuera Paulo Molina, mi cantaor. A la gente le gusta muchísimo ver como un marido le canta a su mujer. Hubo gente en un espectáculo reciente que hemos hecho en Badajoz que, al escuchar como Paulo me cantaba 'Procuro olvidarte' y viendo como nos seguíamos el uno al otro por el escenario, se les saltaba las lágrimas (Carmen se emociona al contarlo). Vamos los dos en un paquete. Antes hacíamos una zambra que creaba una emoción entre el público...


-¿Como Manolo Caracol y Lola Flores?


-Ojalá, ¡ni punto de comparación! Pero eso si, lo intentamos recuperar.


-Ahora en el paquete va la niña...


-¡Ay, si, mi niña! Al principio lloraba cuando escuchaba flamenco, claro se asustaba cuando Paulo con la guitarra le cantaba. Mi marido decía: ¡ay que pena!, ¡que no le gusta el flamenco..! y ahora con cuatro meses que acaba de cumplir se le queda mirando y parece con los ojos que le quiere contestar, ¡que quiere cantar, que quiere bailar!


-Tú eres paya y Paulo Molina, gitano, ¿fue complicado el comienzo?


-Hay una diferencia cultural que realmente existe, pero con amor, comprensión y respeto llevamos ya juntos doce años, y tenemos una hija en común.


-Es interesante ver a un matrimonio tan artístico sobre el escenario, con sus miedos, su fuerza, su pasión. El cante está lleno de momentos inolvidables con parejas inmortales, ¿qué ofrecéis vosotros sobre el escenario?


-Un recorrido por los diferentes estilos. Desde lo más antiguo a lo más actual. Ahora hemos montado 'El pregón del uvero' de Manolo Caracol, como presentación. Tenemos baile por soleá, por alegrías, zambra y los cantes autóctonos extremeños, tangos y jaleos.


-¿Y para la Navidad?


-Siempre llevamos zambombas extremeñas. Es nuestro mismo espectáculo, pero los cantaores llevan villancicos y la gente puede participar más de ese momento.


-Carmen, ¿el baile entiende de política?


-No debería, pero ya desde los tiempos de Mairena, Caracol, el cante mismo ya estaba politizado y es una pena que la política mande tanto en el arte, pero ahora, con los tiempos que corren necesita de los políticos para salir adelante. Es como el pez que se muerde la cola. No debería ser así.



 

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