• 12 de dic de 2018

Entrevista Perico ‘El Pañero’, cantaor

‘Creo que hay muchos códigos del cante que se han perdido’

'Más que el cante flamenco yo he vivido el cante gitano. Ese cante que es una forma de quejarse propia del gitano desde jovencito'.

23 mayo 2018

QUEJÍOS:

‘Hoy en día el que tiene una facultad, una musicalidad en la voz, pasa directamente del disco a ser artista, y antes no, antes tenías que ser aprobado por tu familia, por los más viejos. Había ese respeto. Antes había otra delicadeza en el cante’

'Más que el cante flamenco yo he vivido el cante gitano. Ese cante que es una forma de quejarse propia del gitano desde jovencito'

'Ahora los artistas somos unos privilegiados en ese sentido. Es una profesión muy digna, pero antes muchos no se arriman al tema artístico por esa mala vida'

'No sé que se van a encontrar los que vayan a verme, pero yo voy a poner mi alma para doler y para alegrar a la misma vez, que es el sentido de la vida'

Dicen de él que es un cantaor de otra época. Casi dos metros de altura, hondura y cante pegado al hueso. Dicen de él que es un cantaor de otra época y puede que lo sea, porque su cante se ha enraizado con mimbres de Sevilla y aires de Gibraltar y sabe muy bien lo que canta, aunque a Perico ‘El Pañero’ tengamos la suerte de disfrutarle ahora. Por eso, Antonio Benamargo, que sabe lo que no está escrito, lo tiene en el cartel que organiza con motivo de San Isidro en Casa Patas. Perico el Pañero (Algeciras, 1974) nace en una familia ligada al cante. Ligada al cante pero no al ‘artisteo’ porque a su padre José Lérida Cortés ‘El Pañero’, que cantaba muy bien según los entendidos de la época, no le gustaba ser artista aunque sin él quererlo, ya lo fuera. Su abuelo paterno, José Lérida Cruz se codeaba con los grandes como Mairena o Talega y era un gran entendido. De su bisabuelo Bartolomé Cortés ‘Tío Bartolera’ dicen que su cante era tan grande como su carácter introvertido. Aseguran que hasta el propio Manuel Torre se quedó perplejo con su cante por seguiriyas. ‘Tío Bartolera pasó a la historia por cantar por seguiriya cuando agonizaba en su camino hacia la muerte’ podemos leer… así, con estos antecedentes y con una voz prodigiosa, Perico ‘El Pañero’ va labrándose un camino de buen artista y buen entendido. Que no es lo mismo, aunque lo uno sin lo otro sea impensable. Esta noche disfrutaremos de él en la Sala García Lorca. Si tienen oportunidad, no se lo pierdan. Pasen y Lean.  

 

 

Cuando le dicen que usted es un cantaor de otra época, ¿qué piensa?

Bueno, que es posible, si, puede ser, porque el cante que a mí me ha llegado es el que he escuchado en mi casa, desde muy pequeño. Más que el cante flamenco yo he vivido el cante gitano. Ese cante que es una forma de quejarse propia del gitano desde jovencito. A mí los cantaores que me llegan son Manuel Torres, Tomás, Juan Mojama.. y yo me reflejo en ellos al igual que mi familia, mis tías, mi padre, mi abuela…, es el cante que me ha llegado más.

¿Y es muy complicado mantener ese cante ortodoxo hoy en día?

Bueno, relativamente. En parte es complicado, pero también el público cuando ve algo bien hecho lo recibe.

El pueblo soberano…

Exacto.

Su cante tiene los aires de Sevilla pero también de Gibraltar, ¿esa es una de las características que le diferencia del resto?

En mi casa ‘mamé diferentes estilos de cantes porque mi abuelo era de Camas. Era un enamorado del cante y estaba siempre con Mairena, Talega…, entonces inculcó en mi casa esos cantes del aire de Sevilla, y luego por mi abuela, que era del campo de Gibraltar. También un gitano que yo escuchaba en mi calle que hacía los cantes con aire de San Roque que parecía más de Cádiz..., entonces tengo una mezcla ahí..., también iba mucho a Jerez a escuchar cante..., con todo eso, he ido haciendo mi propio cante.

A su padre no le gustaba ser artista y a su abuelo tampoco ¿de dónde ha sacado la fuerza para ponerse delante del público?

(Se ríe) A mi siempre me ha atraído ser artista y a mi familia, no, no…, había mucho gitano antiguo que no le gustaba ser artista porque el flamenco no estaba en un buen ambiente. Ya lo decía Mairena en una entrevista: ‘He visto el cante gitano en la mayor de las miserias’ Mi abuelo en Sevilla ha visto a muchos cantaores, gitanos o no, que se han tenido que buscar la vida en cuartos, esperando que le pagara el señorito, mala vida, mucho vino, muchas noches, pero ahora no. Ahora los artistas somos unos privilegiados en ese sentido. Es una profesión muy digna, pero antes muchos no se arriman al tema artístico por esa mala vida.

Cuando lee, por ejemplo, que Manuel Torres admiraba tanto a su bisabuelo, o cuando escucha que su padre era un genio del cante.., ¿cómo se le queda el cuerpo?

Bueno, ¡con ganas de haber podido escuchar a mi bisabuelo que nunca pude escucharlo!, pero también es cierto que cuando lo has escuchado en la casa desde chico, has escuchado cantar bien desde siempre, todo eso lo ves de una forma natural. Yo, por ejemplo, nunca empleo la palabra genio porque creo que los humanos somos todos iguales, y cada uno tiene la capacidad para una cosa u otra, cada uno tenemos nuestras propias virtudes. Mire, Paco de Lucía le hizo una entrevista a un músico indio, guitarrista, y éste le dijo: 'para conocer profundamente mi música hay que estar muchos años al lado de un gurú’ Pues yo con el cante le digo lo mismo. Hoy en día el que tiene una facultad, una musicalidad en la voz, o tiene una gran voz, pasa directamente del disco a ser artista, y antes no, antes tenías que ser aprobado por tu familia, por los más viejos. Había ese respeto. Antes había otra delicadeza en el cante.

Es una pena que se haya perdido, ¿no le parece?

Buenos artistas hay siempre, porque la creatividad está en el ser humano pero bueno…, creo que hay muchos códigos del cante que se han perdido (...) Hoy todo el mundo para hablar de cante, habla de cantaores y eso es porque nos falta sabiduría, la hemos perdido. Es diferente hablar de cantaores y hablar de cante. Hoy en día la gente busca un ídolo, apoyarse en algo porque hay un vacío. Primero hay que saber de cante, y luego, ya si puedes juzgar a un cantaor. Por eso pienso, aunque es duro, que en los últimos cincuenta años se está atribuyendo a artistas el ser grandes figuras, que para los buenos aficionados que siempre han escuchado buen cante no lo son.

¿Cree que el flamenco ha perdido el rumbo?

El cante que a mi me gusta, de la forma que a mi me gusta se está perdiendo. Totalmente, y eso no lo digo yo, ya lo advertía Antonio Mairena: 'el cante puramente gitano con todos sus ingredientes, me da miedo pero puede terminar en Antonio Mairena' Para mi había cantaores no gitanos que se quejaban gitano, pero tenían una armonía y una matización muy buena. O sea, a mi Juanito Valderrama no me sonaba gitano pero cantaba muy bien. No tengo más remedio que aprender de él, después tiene sus limitaciones también como todos, pero es que últimamente se matiza mal y nos lo estamos comiendo con papas.

¿Y por qué nos lo comemos con 'papas'?

Primero por ignorancia, y después por egocentrismo. Tenemos un sistema de vida que fomenta nuestro egocentrismo y nuestro protagonismo. Queremos serlo 'antes que' y entonces nos lo comemos con 'papas' porque mi ego vale más que el cante. Además esto no pasa solo en el flamenco, sino también en otras muchas otras materias ahora mismo. Fomentamos el ego. Uno puede saber mil datos, mucha historia del cante y no saber si se está cantando bien o mal, no saber evaluar. Tú puedes escuchar el cante de Juan Talega y decir 'lo he escuchado mil veces, ya lo entiendo' pero no, tu has podido entender su cante pero no los códigos que están encerrados en Juan Talega, porque son los mismos códigos que están en La Piriñaca, en Mairena, en Tomás, de forma diferente interpretada. Ahora, de la forma que se canta hoy se canta diferente, pero se han perdido códigos por lo tanto, esencia.

¿Que vamos a ver los que estemos esta noche acompañándote?

La pureza del cante de toda la vida. Esos códigos que se perdieron. El cante puro, que es el que duele. No sé que se van a encontrar los que vayan a verme, pero yo voy a poner mi alma para doler y para alegrar a la misma vez, que es el sentido de la vida.

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