• 13 de dic de 2018

Entrevista a ADELA CAMPALLO

‘Me he dado cuenta de que la forma en el flamenco lo da la cultura’

‘Antonio Canales no es una parte de mi vida, siempre es mi presente. Me ha marcado para toda la vida’

08 abril 2018

QUEJÍOS

‘Los profesores somos los encargados que lo de ayer, se inculque hoy. No solo en el estilo que queramos, sino enseñando de dónde viene esto’

‘Antonio Canales no es una parte de mi vida, siempre es mi presente. Me ha marcado para toda la vida’

‘Después de estos días he visto a Jesús Ortega cómo ama lo que hace. Se ve al alumnado progresar, evolucionar, y se comprueba que el flamenco existe desde el nivel básico, de lo más pequeño a lo más alto, y eso es genial’

'‘Revisit Sevilla’ homenajeando a cuatro sevillanas debería haber tenido su sitio en la Bienal'

‘No podía decir no’. Esa es la respuesta que me dio Adela Campallo (Adela Silva Campallo, Sevilla, 1977) cuando le pregunté por la masterclass que ofreció hace unos días en el Centro de Flamenco y Danza de Jesús Ortega. ‘No podía decir no porque Jesús Ortega y Juan Carlos Guajardo, al margen de ser unos excelentes profesionales, son unas excelentes personas’ La que les escribe, lo suscribe, pero mantiene la curiosidad (inherente a mi profesión) de adentrarse, mientras conversa con esta bailaora sevillana de raza, en otros ‘porqué’ que también interesan. Buena madre, buena hermana, y buena bailaora. Conversar con ella es llevar al flamenco al máximo de su dulzura. Un ‘pastelito’ de palabras para saborear y disfrutar. Lean, y juzguen ustedes, y si se quedan con ganas de más, vayan a verla este domingo a la Peña de Morón. Seguro que ya, no le pierden la pista.

Bueno, ¡cuéntenos cómo ha sido su experiencia pacense en el Centro de Flamenco y Danza…!

¡Ha sido estupenda! Desde el cariño que me han demostrado, que eso ha sido siempre a lo largo de estos años, hasta el comprobar la preparación de esos alumnos. No en todos los sitios se encuentra esa disciplina, esa dedicación plena. Describir la experiencia es muy fácil, porque cuando alguien ama su trabajo y ama lo que hace, pues la descripción es esa: con amor se hacen muchísimas cosas, y el amor que le tienen ellos al flamenco, a lo profesional, es impresionante. No le gustan las mentiras, ni las falsedades en el arte. Después de estos días he visto a Jesús Ortega cómo ama lo que hace. Se ve al alumnado progresar, evolucionar, y se comprueba que el flamenco existe desde el nivel básico, de lo más pequeño a lo más alto, y eso es genial.

¿Y esperaba ese nivel en el alumnado con el que se ha encontrado?

Pues como venía de parte de él, sí. Pero sobre todo me ha llamado la atención, el nivel de disciplina, la forma de mirar, la forma de escuchar, eso es algo que en una academia se enseña. Por ejemplo, cuando vas a dar un curso de algo específico en Centros donde se dan muchas cosas te encuentras de todo, pero cuando vas a una Academia te das cuenta de que el profesor tiene una base que ha puesto, y que inculca a sus alumnos, y me llamó mucho la atención como las alumnas más pequeñas respetaban, movías una mano y respetaban. Ha sido una maravilla porque esa disciplina viene de ellos dos.

¿Cree que el baile en esta región tiene características propias?

¡Claro que sí! Extremadura tiene su sello dentro del mundo del flamenco, y es una tierra que ha dado a muchos artistas para la historia. Respecto al baile también, y supongo que ahora con la promoción que está haciendo Jesús Ortega, irá evolucionando cada vez más ese baile, y mire, me encanta que Jesús siempre lleve su tierra por bandera, y que le inculque ese amor a Extremadura a sus alumnos. Los profesores somos los encargados que lo de ayer, se inculque hoy. No solo en el estilo que queramos, sino enseñando de dónde viene esto.

Usted viene de una familia ‘flamenca’ por los cuatro costados. Con nueve años ya daba sus ‘pataítas’ sobre los escenarios….

Mi madre era cantaora aunque por circunstancias familiares ‘se quitó’ Nos gustaba mucho el flamenco porque era la tradición de mi familia. Fandangos, cartageneras, soleá de Triana, ¡lo que fuera!… siempre lo escuchaba de la mano de ‘mi casa’, pero la rama profesional ha surgido con la generación de mis hermanos ¡Somos siete en total!

A ver, ¡cuénteme cómo está repartido el flamenco en esa familia!

(Se ríe) Al mayor le encantaría trabajar en este mundo, algo que le apasiona, pero no hace nada de esto, es soldador de aeronáutica. Mi otro hermano, Mariano Campallo es guitarrista y está ahora junto a mi otro hermano, Rafael, en Japón. Mi hermana Pili es cantaora, Rafael baila. También está mi hermano José, que de pequeño se ‘cantañeaba’ muy bien, ¡igual que ahora!, pero que se dedica a la peluquería ¡aunque también es artista! Hace rapados de cabeza con diseño de dibujos, colores…, Y mi hermano pequeño, Juan, que es guitarrista y va muy bien…

Con sus hermanos, también fue con quien usted, apenas con quince años, se fue a Japón….

Sí, y al principio fue muy complicado…, a pesar de ir con mis hermanos mayores necesitaba a mi madre, a mis amigos…, y eso a pesar de la ilusión que tenía de poder bailar diariamente. También fue muy bonito tenerme que descubrir cada noche ante un público que ya era exigente. Japón en aquella época, ya era exigente.

¿Y qué aprendió como bailaora de la afición japonesa?

La exigencia. Los japoneses son muy exigentes para el arte y eso me gusta mucho. Te das cuenta de que te están mirando con lupa, eso se ve, se palpa, ¡con el mayor cariño del mundo! porque si también algo he recibido ha sido un cariño brutal, pero con la misma lupa de siempre.

¿Eso nos falta a los españoles?

No creo que nos falte eso. Lo miramos de distinta forma porque tiene mucho que ver con la cultura, la forma de vida. La forma en el flamenco lo da la cultura.

Y ahora, ¿Qué tiene entre manos?

¡Tengo dos proyectos muy bonitos, Palop! Para el día 9 de junio tengo una obra que se estrenará en la 'Suma Flamenca' de Madrid que se llama ‘Nacer para morir’ y está dirigido por David Coria…

¿Y ese título?

Surgió a raíz de la muerte de mi suegro, hace dos años. Una muerte que nos afectó mucho a toda la familia. Un día mi hijo me comentó que ‘si la vida fuera un sueño, él podría despertar y verle vivo de nuevo…’ En ese momento le dije algo que se ha ido quedando dentro de mí: Cuando nacemos, la única verdad que nos da la vida es que morimos. Naces con ese sello, que mueres…de ahí surgió el nombre.  También el 15 de mayo, en el Central, dentro del programa ‘Flamenco viene del Sur’ hago un día compartido con Ezequiel Benítez y en 35 minutos voy a hacer un guiño a ese espectáculo. Voy a probarlo y probarme. Haré flamenco tradicional pero llevando el hilo conductor de ‘Nacer para morir’.

¡Qué interesante! ¿Y qué más cosas hay por ahí?

Bueno, tengo otro proyecto que estoy deseando que haya fecha para poder estrenarlo que lo va a dirigir Andrés Marín: ‘Revisit Sevilla’ y ahí se revisita la ciudad bajo la mirada de cuatro mujeres sevillanas: La Diosa Astarté, Luisa La Roldana, La Niña de los Peines y Doña María Coronel.

Y no encontráis fecha…

Lo presentamos para la Bienal de este año, pero ha sido, ¡para las personas que estamos luchando toda la vida para esto, hincando los codos con la cabeza puesta en esa fecha…! en fin..., lo presentamos y nos dijeron que era tarde…, y para otras compañeras no lo fue…, vamos, que nos hemos quedado fuera. ‘Revisit Sevilla’ homenajeando a cuatro sevillanas debería haber tenido su sitio en la Bienal. No lo había presentado en otros sitios esperando a que llegara la fecha, pero cuando llegamos…, todos los teatros estaban dados recién nombrado el nuevo director… en fin…

Por último Adela, usted ha sido solista en la compañía de Antonio Canales durante muchos años, ¿qué nos puede contar de él?

Yo me he llevado muchos años con Antonio, he ido, he venido…, pero lo de Antonio y yo es algo ‘de por vida’. Antonio Canales no es una parte de mi vida, siempre es mi presente. Me ha marcado para toda la vida.

El trabajo y las personas es lo que nos va marcando…, como los viajes. Ahora vuelve a EEUU…

Si, este mes me voy a Santa Bárbara a dar cursos y a colaborar en una academia con Linda Vega. Luego vuelvo a Japón en agosto, también a Argentina este mismo año…

¡Qué vida más interesante Adela!

¡Ay, pero me dan mucha pena mis niños que son muy chicos! Ellos sí que son el motor de mi vida, cada movimiento, cada baile es de ellos. Si hay un motor que me haga funcionar son mis niños…, y me voy para darles lo mejor de mí, porque soy más feliz bailando que si no lo hago, y también les ofrezco una vida con más futuro…

Los hijos quieren madres felices, de verdad…

¡Ay, si, Palop!, ¡pero que pena!

Como somos las madres Adela…

 

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