• 18 de oct de 2018

‘El sitio más maravilloso donde he cantado ha sido el Teatro Romano de Mérida’

‘Si cortas la voz al mismo tiempo que cierra la guitarra, se producen los silencios, y eso tiene un efecto extraordinario en el público y en ti’.

24 septiembre 2018

QUEJÍOS:

‘Si cortas la voz al mismo tiempo que cierra la guitarra, se producen los silencios, y eso tiene un efecto extraordinario en el público y en ti’

 

‘Yo digo que en un escenario puedes alcanzar el cielo, la gloria, y el infierno en medio minuto’

 

‘La ópera y el flamenco son dos mundos paralelos que, como ya decía ‘Demófilo’, son para ‘deleitantes’, es decir, son músicas para la gente que les gusta’

 

‘El que va a escuchar flamenco se tiene que sentar en una silla y escuchar al cantaor, y el que va a un concierto está pegando saltos, haciendo otras cosas, bailando mientras escucha la música. Es otra cosa’

Con 9 años pedí mi primer autógrafo y hace una semana, el segundo. Los dos a la misma persona: Calixto Sánchez (Mairena del Alcor, 1947) Inmensamente feliz por la conversación que mantuve con él, y por la entrevista que ahora puedo presentaros, una se siente privilegiada cuando se encuentra frente a frente con un Maestro de su categoría, con uno de los protagonistas de nuestro flamenco. Historia viva del cante, y de mi propio aprendizaje. Ganador del primer Giraldillo del Cante (1980), tras haberse alzado con el “Premio Antonio Chacón” en el prestigioso Concurso Nacional de Córdoba, al margen de otros galardones, atesora quizás el más importante para cualquier aficionado: el de haber sido maestro en las aulas y maestro autodidacta del flamenco. Hace unos días, junto al cantaor José de la Tomasa, y la bailaora Pepa Montes durante la Bienal de Flamenco de Sevilla volvió a ganarse el respeto de público y afición, en un Teatro de la Maestranza que rindió a Calixto el respeto debido, con un silencio de categoría.

 

¿Cómo se ha sentido en la Bienal?

 

La verdad es que me sentí muy seguro, porque nada más salir, empecé a cantar y el sonido era muy bueno, la voz sonaba muy bien y yo estaba tranquilo. También con la guitarra, que eso siempre hay que averiguarlo, el llevar a un guitarrista que te entienda y tú lo entiendas a él, y preocuparte solo de cantar. Las letras en tu cabeza te van bailando y luego tú vas cogiendo las que mejor te parecen…, yo empecé a cantar por soleá, luego por Triana y luego por Cádiz. Después canté mis tientos a mi manera, todo muy medido, los cierres, los cortes…, a compás, porque la voz tiene que seguir sonando hasta que llega el cierre. Pero para eso tienes que saber por dónde estás. Si cortas la voz al mismo tiempo que cierra la guitarra, se producen los silencios, y eso tiene un efecto extraordinario en el público y en ti.  Te das cuenta de que vas metido justo en el compás en toda su dimensión. La verdad es que salió muy bien la actuación. El público estaba totalmente en silencio y la gente se levantaba y aplaudía muchísimo. Fue una actuación muy buena.

 

Usted conoce muy bien Extremadura…

Sí, sí, yo he ido a cantar muchísimo allí, he llegado a hacer diez o doce actuaciones al año, y siempre me ha ido muy bien. Fíjese, en 1974 ya era socio de honor de la Peña Flamenca de Badajoz. Lo cierto es que una de las cosas que tengo que agradecerle al flamenco es haber conocido casi toda España, y haber conocido a su gente. Esto es muy bueno porque nos volvemos muy chovinistas pensando que lo nuestro es lo mejor. Buena gente hay en todos sitios, y mala también.

 

¿Cómo era ese encuentro con esta tierra?

Yo siempre me encontré como en mi casa en Extremadura, aunque le temía mucho a la carretera. Esas carreteras que no estaban entonces como están ahora, claro, pero luego llegabas a los pueblos y te encontrabas a una gente muy sana, muy buenos aficionados, un público caliente, que te ayuda.

También  empiezas a descubrir cosas que tú no sabes ni que existen: las tortas de la Serena, la chacina…, eso es una maravilla…, la verdad es que me lo he pasado muy bien en Extremadura, muy bien.

 

Extremadura y Andalucía, con perdón de Murcia, son territorio flamenco…

Mire, el otro día escuchaba a un literato que decía: ‘las fronteras son los arañazos del tiempo’, y es verdad, porque en la misma Extremadura se nota la diferencia entre Badajoz y Cáceres. Y luego está Mérida. Augusta Emérita ha estado unida a Andalucía desde los primeros tiempos y esa unión entre esa zona, Sevilla, la Ruta de la Plata…, todo eso se nota. De mis mejores actuaciones, pero no por mi forma de actuar sino por el lugar en el que me encontraba, ha sido allí. El sitio más maravilloso donde he cantado ha sido el Teatro Romano de Mérida. He cantado dos o tres veces allí, la última vez fue un mano a mano con Camarón. José ya no estaba muy bien, pero esa actuación yo la recuerdo como algo extraordinario…, con esas columnas detrás, con esa historia. Eso es impresionante.

 

¿Cómo se vive el flamenco desde el escenario?

Yo digo que en un escenario puedes alcanzar el cielo, la gloria, y el infierno en medio minuto. Sales, y te da igual que haya mil, tres mil, cinco mil personas,  porque el punto de referencia eres tú. A la guitarra la gente le echa poca cuenta, aunque sea un guitarrista muy bueno, y así no debiera ser de ninguna de las maneras porque la actuación es de los dos: del guitarrista y del cante, pero es cierto que a la guitarra, la gente le pone menos atención y al cantaor no, al cantaor la gente le presta muchísima atención.

Si te coge bien, estás bien, hay buen sonido, te encuentras a gusto y esa guitarra te entiende, entonces lógicamente, tienes una buena actuación y tocas el cielo. Pero también puede ser, que por cualquier circunstancia, se produzca cualquier detalle, de cualquier cosa, y entonces el público se pone agrio, se desespera. Entonces no te encuentras porque crees que es contigo, y te pones nervioso, porque claro, el que da la cara allí eres tú. Por eso le digo que puedes tocar el cielo y el infierno en un segundo.

 

Pero se toca más veces la gloria, al menos en su caso, que es un maestro…

Yo al mundo del flamenco le estoy enormemente agradecido, porque conozco también a la otra profesión, que es la de maestro que es una profesión maravillosa. Los maestros se dejan el pellejo enseñando, haciendo cosas, pero pocas veces es agradecido. Un maestro se jubila y nadie se acuerda de él, nadie.

 

Yo creo que ningún buen aficionado puede olvidar que gracias a usted se empezó a enseñar flamenco en las escuelas. Siempre fue su campo de batalla…

Yo empecé aquí en Mairena haciendo flamenco en la escuela pero sin un programa ni planificación detallada. Yo lo empleaba como relajación de la clase. Llegaba por la mañana, tenía matemáticas y lenguaje, y cuando pasaba la hora y media los niños empezaban ya a cansarse…, ‘maestro, quiero ir al baño…’ y yo decía: tranquilidad, cerramos los libros. E iba enseñándoles cosas paulatinamente empezando con las sevillanas. Claro, las sevillanas llevan un compás de 3x4, como llevan muchos cantes pero además, había unas sevillanas que hablaban del recorrido del río Guadalquivir…, explicaba el nacimiento, el recorrido, lo que producía a su paso…, y eso lo cantaban los niños perfectamente, haciendo palmas al mismo tiempo, que poner a 25 niños a hacer palmas al mismo tiempo y que no se equivoque ninguno, ¡no se vaya a creer que es fácil!

 

¿Y han salido aficionados al cante?

Hay algunos que cantan, pero la afición al flamenco es muy compleja…

 

Me lo va a decir usted a mi Calixto, ¡que tengo un hijo que solo escucha Taylor Swift! (nos reímos)

Es verdad, la afición al cante es muy compleja porque cada día la gente tiene más ofertas musicales. Luego, todo lo que sale por la televisión son las grandes figuras del rock, del jazz, y aparecen esos artistas cantando en un columpio con la cabeza abajo…, y eso, ¡no puede ser de ninguna manera! (se vuelve a reír) ¡eso no es cantar!, ¡hay que estar muy centrado para cantar! Mire, a la música clásica le pasa exactamente igual que al flamenco. La ópera y el flamenco son dos mundos paralelos que, como ya decía ‘Demófilo’, son para ‘deleitantes’, es decir, son músicas para la gente que les gusta. No son músicas de consumo. El que va a escuchar flamenco se tiene que sentar en una silla y escuchar al cantaor, y el que va a un concierto está pegando saltos, haciendo otras cosas, bailando mientras escucha la música. Es otra cosa.

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